Los antiguos egipcios no solo nos dejaron pirámides, templos y esculturas colosales; también una maravillosa colección de poemas de amor. Os dejo uno de ellos, que he traducido y comentado. Se compuso hace unos 3200 años y es una bellísima descripción de la mujer amada.

Por Eduardo Gris Romero

Única es mi amada, sin igual,

más hermosa que ninguna otra mujer.

Miradla, como estrella que se eleva,

anunciando un año próspero.

Radiante, preciosa, piel clara,

ojos seductores cuando mira,

dulces labios cuando habla,

sin hablar nunca de más;

cuello esbelto, blanco pecho,

pelo puro lapislázuli;

brazos más bellos que el oro,

dedos como brotes de loto;

nalgas llenas, cintura estrecha,

muslos que pasean tales bellezas;

con paso delicado pisa el suelo,

y al caminar me roba el corazón.

Los cuellos de todos los hombres

dan la vuelta para verla.

¡Feliz aquel que la abrace,

enamorado elegido!

¡Cuando ella sale parece

la diosa del amor!

Los poemas de amor del antiguo Egipto que han llegado hasta nosotros se conservan en tres papiros y un conjunto de restos de cerámica. El que acabamos de leer forma parte del papiro Chester Beatty I, que contiene tres colecciones de poemas amorosos. La primera de estas colecciones está integrada por siete poesías que parecen referirse a una misma historia de amor. En todos los poemas se da un curioso juego de palabras: comienzan y acaban con un término que alude a la posición que cada uno ocupa en la serie. El que acabamos de leer, que es el primero de la colección, empieza y termina con la palabra «una», que debe entenderse como «única».

En el tercer verso se compara a la amada con una estrella. El texto dice, literalmente, «Sothis», la estrella Sirio, cuyo ascenso en el cielo coincidía con la crecida del Nilo y se relacionaba, por tanto, con la fertilidad. La fertilidad y el amor están íntimamente vinculados en la poesía erótica arcaica, como vimos en el poema de amor más antiguo del mundo (puedes leerlo aquí) y veremos en otros.

Sigue una bellísima descripción de la amada, de exquisita sencillez, desde sus ojos hasta el suelo que pisa. Esta técnica se conoce como wasf y es muy frecuente en la poesía oriental; hay ejemplos destacados en el Cantar de los Cantares, la poesía árabe clásica o las Mil y una noches.

El texto termina, como hemos dicho, con la palabra «una»; literalmente, dice que la amada se parece a «la una», es decir, a «la única», una probable alusión a Hator, diosa egipcia del amor. Comparar a los amantes con los dioses era habitual en la antigua poesía erótica.

La poesía amorosa del Egipto faraónico parece haber sido compuesta con el único propósito de entretener. El tono es amable y festivo, sensual; el escenario, idílico y opulento. Es muy posible que este poema fuera cantado o recitado durante la celebración de banquetes como los que vemos representados en las tumbas de la época, que tendrían lugar con motivo de distintas festividades. Imaginemos un salón perfumado con mirra e incienso, copas de vino y cerveza, bandejas con uvas y dátiles, aves y pescados; los invitados colocan sobre sus cabezas conos de cera perfumada que van derritiéndose y fluyendo sobre ellos durante el banquete; hay música, danza y encendidas canciones de amor: «¡Feliz aquel que la abrace, enamorado elegido!».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *